Blockchain: transparencia para el mercado de bonos de carbono

Colombia tiene como meta para el año 2030, reducir las emisiones de CO2, en 3.5 millones de toneladas, en las 16 principales ciudades del país.

El acelerado crecimiento y el avance tecnológico es tan potente que cuando se pone al servicio de diversos proyectos y negocios se convierte en una herramienta clave para el progreso y el desarrollo de las comunidades. Gestión de Riesgos Sostenibles (GRS), organización que transfiere los riesgos de un mundo renovable, analizó los beneficios de esta implementación en los diferentes mercados.

 

Una herramienta implementada en las últimas décadas con gran éxito, es el caso del blockchain, una tecnología que constituye una revolución para las transacciones entre dos o más partes y que hoy está siendo utilizada en varias iniciativas ambientales. Su aplicación en el mercado de bonos de carbono produce grandes beneficios, según explica Sergio Isaza, fundador y gerente de Gestión de Riesgos Sostenibles, “gracias a estos mecanismos, es posible contribuir en la reducción del impacto de los Gases de Efecto Invernadero en los que, mediante el canje entre valores expresados en bonos de CO2, se compran y venden créditos que unitariamente representan una tonelada de carbono evitada o removida de la atmósfera”.

 

Los bonos de CO2 son la moneda de cambio para el mercado del carbono y buscan que las empresas que contaminan el medio ambiente, a partir de sus operaciones, compensen los perjuicios causados. Por eso, esta especie de libro contable digital como también se le conoce al blockchain, se convierte en un gran aliado para este tema ya que brinda seguridad, simplicidad y privacidad, facilitando los pagos y a su vez penalizaciones.

 

 

Cuidado con el fraude climático

 

Los bonos de carbono se pueden conseguir bien sea comprándolos a otras empresas que hayan logrado reducir sus emisiones y “les sobren” o financiando proyectos de reducción de gases de efecto invernadero, en el que la empresa dueña del proyecto recibe el capital para poder desarrollarlo, y la que invierte el número de bonos de carbono necesarios para compensar las emisiones que produce su operación.

 

Sin embargo, una situación que se viene presentando y que preocupa a los expertos en temas medioambientales, es el fraude en los mercados de carbono. “Consiste en una baja trazabilidad y confiabilidad de algunas empresas que se aprovechan de estas herramientas para ocultar su verdadero impacto al medio ambiente y así obtener utilidades adicionales al vender sus cupos remanentes, por las supuestas “buenas prácticas ambientales”, a otras organizaciones que están en necesidad de adquirirlos debido a sus bajos estándares de contaminación”, explica el ejecutivo.

 

Ante esto, el blockchain permite garantizar que las empresas no puedan hacer una doble contabilidad de los bonos ni que se puedan emitir los créditos de un mismo bono de carbono más de una vez. Con esto, tanto vendedores como compradores de bonos de carbono pueden conocer la procedencia y destinación de los instrumentos que tiene en su poder.

 

“Por medio del blockchain, es posible registrar innumerables transacciones hechas entre dos o más partes que incluso pueden no conocerse. Con esta plataforma, se reduce el fraude o corrupción que puede existir en los mercados de carbono que es causada por empresas que dicen contaminar menos de lo que efectivamente contaminan, con ánimos de comercializar un cupo excedente en aras de lucrarse de una manera incorrecta”, explica Sergio Isaza.

 

Un caso de éxito colombiano

 

A través de los bonos de carbono, ISA, compañía colombiana de infraestructura y transmisión eléctrica, facilita el desarrollo de iniciativas ambientales para la protección del Jaguar, por medio de su proyecto Conexión Jaguar.

 

El blockchain ha sido el contralor aliado para la compañía generadora de electricidad, para la transacción de estos bonos, permitiéndole garantizar un flujo transparente de la procedencia y destinación de los recursos captados a por medio de los bonos de carbono.

 

“Con la transparencia de este proceso al año 2020, el programa alcanzó a compensar 100.000 toneladas de CO2, y además implementó 12 proyectos para la protección de esta especie amenazada y que permitió generales corredores protegidos con un alcance de 185.000 hectáreas”, explica el fundador de GRS.

 

 

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